Hoy, un tipo extraño me está llamando al móvil y mandándome mensajes de forma muy insistente. He hablado con él, y es obvio que me está llamando por error; pero por mucho que le explico que mi número de teléfono no es el número de quien quiera que sea la persona a la que está llamando, francamente, parece que no pilla el conceto.

Me llama y me exige, en un tono de voz cada vez más iracundo, que baje y le abra la puerta de una puta vez. ¿Qué puerta?, se me ha ocurrido preguntarle en la primera llamada. Porque he pensado que a lo mejor era algún compañero de trabajo, que estaba abajo intentando entrar a la oficina. No es que yo sea recepcionista precisamente, pero asumo que a una temperatura de bajo cero, con los perendengues y los dedos cayéndose helados al suelo del frío, el que busque el número correcto para llamar puede equivocarse, o bien localizar el primero de la agenda y llamar. Pero no. Ahí ya el tío se ha quedado un poco callado. Y ha sido cuando le he sugerido que revisara el número, que para mí que se estaba equivocando.

Y ha pasado un rato. Pero, ah sorpresa, segunda llamada. Misma exigencia, mismo tono. Y a vueltas con las explicaciones.

Aun así, ha habido otras dos llamadas y algún que otro SMS. Eso sí, el último SMS me ha llegado sin contenido. Nada de texto.

Estoy pensando que, si me vuelve a llamar, le voy a contestar Espera que me ponga el picardías y bajo y te abro lo que tú me digas, piratón. A ver si así deja de insistir.

Aunque me da miedo decírselo, porque el mundo está lleno de pervertidos.